Sinceridad.

Piénsalo, a todo el mundo le molesta cuando otra persona se sincera. Queremos que nos digan la verdad pero en el fondo sabemos que vivimos mejor entre pequeñas mentiras que hacen que la vida sea más sencilla. Es más, si eres de los sinceros, puede que hasta caigas mal o que a veces no encajes. ¿Te suena de algo? Puede ser.

1916Hay personas que llevan la sinceridad por bandera, sin prejuicios y sin pretensiones de hacer daño a nadie. Pero claro, a veces caen mal. ¿Cómo puede ser posible? Si preguntamos a alguien si estamos guapos, normalmente decimos “pero dime la verdad eh”. Y ya es mucha casualidad que siempre nos vean tan bien, ¿no? La realidad no tiene nada que ver con eso. Nos molestan las críticas – a veces hasta las constructivas – , que saquen a la luz nuestros defectos, que si nuestro regalo no ha gustado, que si no vamos bien vestidos para la ocasión, que si somos muy egocéntricos y sólo hablamos de nosotros mismos, que si nos quejamos demasiado o todo lo contrario, que nunca damos nuestra opinión. Nos dicen verdades a la cara que hacen que nos sintamos incómodos, molestos, fuera de sitio, porque igual nos dejan en evidencia delante de otros. ¿Acaso no querías sinceridad cuando pediste opinión? Puede que no la hayas pedido e igualmente te den un golpe de realidad.

Muchos estudios indican que la mentira es algo socialmente aceptado. Hace que la vida sea más llevadera y muchas veces nos quita de problemas o de dar explicaciones innecesarias. No negaré que hasta yo misma he mentido en multitud de ocasiones. Lo que más se repite es eso de “no me pasa nada” cuando en realidad te está pasando de todo. Pero claro, si lo dices, tienes que explicar qué te pasa y a veces no tienes ganas ni de eso. O puede que no quieras enfrentarte a lo que te está sucediendo porque no quieres o te da demasiado miedo..

dano2-728x485No digo que esté bien mentir o decir todas las verdades de mundo. A lo que voy es a que la sinceridad no se valora lo suficiente. Reconozco que me he encontrado en situaciones muy incómodas sólo por decir cómo me siento, qué siento o qué pienso de algo o alguien. Personas que no se atreven a enfrentarse a la realidad y que viven mejor en su zona de “mentiras que lo simplifican todo”. Personas que se alejan y salen corriendo porque les asusta cómo piensas o incluso cómo te expresas. Lo sé, tenéis razón y os entiendo. Hasta yo misma a veces me doy cuenta de que debería morderme la lengua (¿o quizá no?). Probablemente modere mis formas y sea un poco más sutil al decirte lo que pienso. Pero de ninguna manera te voy a dejar caer en la trampa de la mentira y hacerte creer que la realidad es otra. Porque al final eso se paga y no quiero eso para ti.

La sinceridad hoy en día está infravalorada. Queda mejor “dar like” a cada foto, comentar con mil emoticonos y hacer crecer el ego de los demás antes que ver a alguien como realmente es. Ojo, no hablo de que empecemos a criticarnos unos a otros sin fundamento (algo que está muy de moda), sino de decirnos realmente lo que pensamos, con criterio y siempre desde el respeto.

No caigamos en la trampa de las mentiras. Seamos agradecidos con esa persona que nos dice la verdad por encima de cualquier cosa, con quien se queda a nuestro lado a pesar de los defectos y nos ayuda a mejorar, con quien no nos miente y de vez en cuando nos da un golpe de realidad.

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Démosle el verdadero valor que se merece a la sinceridad.